El abuso no tuvo la última palabra.
Hay heridas que ocurrieron una sola vez, pero continúan gobernando una vida durante años. ¿Es posible quedar verdaderamente libre? Este eBook es el testimonio de cómo Dios conduce hacia una restauración sobrenatural del cuerpo, alma y espíritu.
Una historia de dolor transformada en milagro
Cuando el silencio y el miedo dominan, la gracia de Dios abre camino hacia la verdadera libertad.
El inicio de la lucha
A los seis años, Jorge Lonzi sufrió un abuso. Quince días después comenzó el asma. Durante años guardó silencio y cargó miedo y odio, hasta que Dios lo confrontó con una decisión que transformaría su historia: perdonar.
Restauración integral
Este testimonio cristiano revela cómo Dios condujo a Jorge hacia una restauración sobrenatural de su cuerpo, alma y espíritu, demostrando que ninguna herida es definitiva.
¿Qué descubrirás en sus páginas?
Herramientas de reflexión profunda y un testimonio honesto diseñado para sanar corazones y equipar a quienes acompañan a otros en el dolor.
Cómo una herida del pasado puede seguir actuando hoy y cómo identificarla.
Qué significa perdonar sin justificar al agresor ni renunciar a la justicia.
El momento exacto en que Jorge comprobó el milagro que Dios había realizado en su vida.
Dirigido a personas heridas, familiares, pastores y líderes que desean transmitir esperanza.
Jorge Lonzi
Autor y testimonio vivo de que el dolor no define el destino. A través de este eBook, Jorge comparte su camino hacia la libertad espiritual y emocional.
El testimonio de quien estuvo a su lado
Mi esposa no conoció esta historia desde afuera. Ella convivió con mis crisis de asma y fue testigo directa de la obra que Dios realizó en mi vida.
Hablo como testigo principal de la historia del autor de este libro: mi amado esposo.
Cuando Dios lo puso en mi camino, él traía consigo una mochila muy pesada. Así me gusta describirlo. Porque él, como quien escribe estas líneas y como todo ser humano, cargaba con heridas y dolores. Algunas mochilas son más pesadas que otras, y solo cuando llegamos a Cristo podemos ser libres de esas cargas.
En su mochila había enfermedad, rencor, resentimiento, odio, traiciones, pérdidas y mucho dolor. Todo aquello permanecía oculto detrás de una imagen de perfección, altivez y arrogancia.
A medida que fuimos conociéndonos y compartiendo la vida, comencé a descubrir lo que realmente había dentro de aquella mochila.
De repente aparecían los ataques de asma. En mi ignorancia, no sabía qué estaba sucediendo ni cómo podía ayudarlo durante esas crisis. Verlo ahogarse porque no podía respirar me causaba una profunda desesperación. Era muy traumático para mí.
Por eso puedo decir que soy una privilegiada: vi con mis propios ojos la obra que Dios realizó en su vida por medio del perdón.
“Después de aquel encuentro con Cristo, recibí a un hombre nuevo”.
Un hombre sano, que vació aquella mochila cargada de tanto peso y se dejó llenar por Dios. El niño herido por el abuso, lleno de odio y marcado por sus consecuencias, dio paso a un hombre revestido de Cristo y lleno del Espíritu Santo, llamado a ser testigo del poder de Dios ante toda la humanidad.
Deseo que este testimonio real que cuenta mi esposo te dé el valor para tomar, como él, la decisión de entregar a Cristo esa mochila cargada de tanto dolor.
En Mateo 11:28 (NTV), Jesús dijo:
“Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso”.
No sé cuánto tiempo hace que cargas tu mochila, pero ha llegado la hora. El día es hoy. Toma la decisión de entregar tus cargas y tu vida a Cristo.
El hombre nuevo que hoy es mi esposo comenzó a surgir cuando dejó de pelear con sus propias fuerzas y se rindió a Cristo.
Mi oración es que cada lector que llegue a este libro cargando una mochila cuyo peso ya se ha vuelto insoportable pueda encontrar en Cristo el descanso y la paz que necesita.
Lo que dicen quienes ya leyeron el libro
Testimonios genuinos de vidas impactadas por el mensaje de restauración.
“Lonzi, terminé el libro. La verdad es que me impactó y me sorprendió lo que Dios hace en esos procesos: las herramientas y consejos para poder ayudar a otros, el poder sanador del Espíritu Santo y el llamado a tener la valentía de pedir ayuda y acompañamiento cuando alguien pasó o está pasando por lo mismo o por algo similar.”
“Leí el libro sobre abuso. La parte que más me impactó es que él se sentía culpable, pero no era culpable de nada, y ese sentimiento equivocado marcaba su vida. Solo el perdón que nace de conocer a Cristo logra esa restauración. Lo recomendaría a quienes viven angustiados, enojados o perturbados por la falta de perdón.”
“Hola, Jorge. Leí una parte del libro, todavía no todo, pero yo viví algo similar por parte de un hermanastro. También tenía cinco o seis años. Vivía con miedo y no podía contárselo a mi mamá, porque ella decía que, si algo nos pasaba, era porque nosotros lo provocábamos.
Un día, mientras jugaba, miré el cielo —me encantaba hacerlo— y se me aparecieron dos ángeles que me miraron y sonrieron. Conté lo de los ángeles, pero, como era muy soñadora, no me creyeron. Viví durante años con lo que me había sucedido y pude perdonar cuando llegué a Cristo.”
“En medio del dolor, no hay remedio que supere la voz de alguien que te dice: ‘Aquí estoy, te entiendo; yo también lo viví’.
Y esa voz es este libro. Es una caricia, un mimo al alma rota; una voz suave y dulce que te abraza y reconforta. No te juzga ni te acusa. Al contrario, te levanta y lleva luz al cuarto oscuro donde el miedo o la vergüenza te llevaron a esconderte. Te saca de allí y te muestra que existen otros caminos además de la autodestrucción.
En sus páginas, palabras aisladas toman forma y se convierten en frases como esta: ‘Cerrar un ciclo de dolor no es vivir mirando al agresor, sino volver a mirar tu propio camino’. Son palabras tan poderosas que te sacuden, te llevan a abrir los ojos y a enfocarlos en el presente.
Anímate a dar ese paso que necesitas para salir de la cárcel de dolor que te atrapa y encontrar la salida que clamas en tu interior.
Como escribió Jorge Lonzi en uno de sus capítulos: ‘Él veía al niño lastimado, al adolescente desesperado y al adulto que había intentado anestesiar su dolor. Pero se acercaba para rescatarme, no para aplastarme’.
Ese mismo Dios que lo rescató a él quiere rescatarte a ti también.”
El abuso dejó una herida.
El perdón abrió la puerta. Dios realizó la restauración.
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